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LA TROMPETA DE JERICÓ

La República, la guerra y los enemigos de España

REFLEXIONANDO EN ALTO

Republica Guerra

La historiografía más generalista de la Guerra Civil Española, suele explicar su origen o desarrollo como una cuestión de extremos. ¿De qué extremos hablan? ¿Anticomunistas y Antifascistas? Permitidme que disienta. Los grandes extremos que pueden ayudar a explicar esta masacre nacional, los resume un servidor en dos:

Extremo analfabetismo de los españoles y extrema irresponsabilidad o insensatez de la clase gobernante. Ambas tienen su cuota de culpa de la que no pueden eximirse. Los unos por llevar irresponsablemente al pueblo español a la confrontación y los otros por dejarse arrastrar.

Sobre esta ecuación, añadan ustedes lo que quieran. Puños en alto, brazos levantados, símbolos y canciones, banderas de diverso color, teorías de justicia social y divina… Al final, el observador imparcial, acabará irremisiblemente en los extremos ya mencionados.

Resulta fácil comprender, que en una masa analfabeta es donde más fácilmente se pueden inocular los venenos que causaron la gangrena en España. Basta que suene elegante, basta que prometa algo que no se tenga, que el pueblo, tan necesitado de cultura, lo comprará sin remedio. La gasolina con la que se alimente social y espiritualmente a la población, determinará hacia qué dirección va, sea al progreso o al abismo.

Y así vemos a unos predicando un fascismo de importación, vendido como “la solución a los problemas de España”. Una solución consistente en adaptar con parches baratos una ideología foránea, léase italiana y germana, la cual tantos desastres y tragedias generaría en Europa. Pero no olvidemos que también tenemos enfrente a otros propagando “las virtudes de la Unión Soviética”, paraíso de los trabajadores. Sus sucintos análisis les hacen obviar la tragedia que se vivió en aquel país y la férrea dictadura que contra el pueblo se ejercía. En definitiva, a España, con un régimen democrático en pañales, la venían a seducir con totalitarismos y dictaduras del proletariado y los españoles, analfabetos y perdidos, mordían el anzuelo del odio, sin saber que estaban cavando su propia tumba.

James Ensor muerte rebaño
La muerte persiguiendo al rebaño humano de James Ensor. ¿La muerte persiguiendo a los españoles?

¿Pero es que acaso la República no tuvo amigos? Los tuvo, pero como ocurre en la vida, pocos eran sinceros. Pese a ser recibida generalmente con los brazos abiertos en abril del 31, en contraposición a un régimen monárquico caduco, pronto muchos buscaron el propio interés en ella. Cada facción actuó siguiendo la misma directriz. Mientras el viento republicano soplaba a favor, todo eran alabanzas democráticas. Ahora bien, si el viento soplaba en contra, las conspiraciones y subversiones empezaban a tejer una tela de araña tan traicionera como poco democrática. Y así, los pocos republicanos demócratas de verdad, se veían atrapados en una marea imparable, prisioneros en una sopa a la que extremistas, con sus consignas de fuego, hacían hervir. Y ya fuese por miedo, incapacidad o dejadez, la República no pudo controlar la situación, viéndose con las manos atadas y bajando a los infiernos.

Desde el minuto uno, las promesas de este nuevo régimen fueron objeto de impaciencia. Unos pretendían provocar en dos años cambios que a Europa llevó décadas y en algunos casos siglos. Pese a que el fin fuese razonable, su ingenuidad fue igualmente irresponsable. En un país tan tradicional, los sectores de poder lo vieron como una afrenta a sus terruños de poder y opusieron resistencia. Sería iluso suponer lo contrario. A esto se sumó la impaciencia ciudadana, la cual exigía inmediatez de reformas. Y por último, a esta fiesta se sumaron indeseables de diversa índole y color, los cuales, mediante una fachada supuestamente pulcra y benigna, se dedicaron a desestabilizar incansablemente a este régimen neonato.

Y de este modo vemos a una República que comenzó a ser zarandeada grotescamente. Zarandeos que evolucionaron de picores puntuales a escozores. Pronto vendrían las heridas.

¿Heridas?, se preguntarán ustedes. ¿Hablo de la guerra? Aun no.

Pues antes del 36 tenemos multitud de ejemplos que atesoran esto. Eran, como ya he dicho, enemigos de la joven democracia, los que, buscando en la defensa de la República legitimidad a sus acciones, no hacían más que acuchillarla. Valiente hipocresía. Así, desfilando por la piel de toro, vimos a militares trasnochados que sacaron su sable a pasear por Sevilla, mientras masas amorfas, vilmente utilizadas, proclamaban absurdos socialismos libertarios a lo largo y ancho de la nación. Cada cual el suyo, claro está. Y en tal selecto cóctel molotov, los estamentos que históricamente habían gozado de poder en España, se unieron al partido de la intransigencia, el mismo que comenzaría su imparable camino hacia la mayoría absoluta y en consecuencia, a la ruina.

Muy posiblemente, el lector se pregunte cómo afrontó el gobierno republicano estos desafíos. Pero pronto comprenderá que la República tuvo su talón de Aquiles en el control del orden público. Por hacer un símil, era como cocinar una sopa sin utensilios para removerla, a excepción única de las manos. A poco que el caldo español estuviese caliente, el temor a las quemaduras hacía dudar a las autoridades si meter la mano dentro. Y cuando no tenían más remedio, la mano entraba, pero salía achicharrada. El problema, y he aquí una explicación metafísica, no estaba en meter la mano en el puchero, sino en frenar a aquellos que seguían alimentando el fuego. Al final como todos sabemos, la sopa hirvió y acabó saliéndose de la olla, quemando todo a su paso.

Pero sigamos con el gobierno. Pese a tener que meter de vez en cuando la mano en la sopa de sus entrañas, pronto observó que cada vez le costaba más moverse. Y con horror, constató que tenía los miembros gangrenados. Y es que las heridas abiertas se habían infectado. Es lo que pasa cuando no se curan a tiempo.

Saturno devorando a su hijo Goya
Saturno devorando a su hijo de Goya. Una alegoría de como España devoró a su nuevo hijo republicano.

El joven régimen democrático acabó en el hospital por semejantes ignominias. Es lo que pasa cuando insensatos e irresponsables se unen en la tarea de desestabilizar un país, vendiendo promesas y odio como si fueran panecillos. Pero los primeros auxilios aplicados por la clase política, copada igualmente de irresponsables a estas alturas, fueron como darle dos tiros en las piernas.

De este modo, pronto surgieron las voces que criticaban que este nuevo sistema se les venía encima y que no era capaz de mantenerse erguido. Hay un refrán español que dice que “entre todos la mataron y ella sola se murió”, que viene muy al caso. Pero con un matiz, el acta de defunción de la República vino con atroz tiro en la nuca, al que algunos llamaron Guerra Civil. Guerra de la que llevan décadas sus responsables y descendientes escurriendo el bulto de su responsabilidad. Pero bueno, en aquel momento, el ser que había nacido en 1931 no era más que una masa deforme y moribunda, llena de la sangre que uno y otros habían vertido sobre ella.

Y de esta guerra me gustaría sacar varias conclusiones. De ella salió una España “victoriosa” que pronto tuvo que imponer una dictadura y que repudió con desprecio el breve intento democrático español, como si fuese un agujero negro indeseable en nuestra historia. Pero hay más. En el bando, llamémosle “vencido”, hay un sector que se ha dedicado a espolear una visión distorsionada de la guerra, en la que se auto presentan como víctimas indefensas de un enemigo implacable. Curiosamente y dando un salto, en las filas de esta tendencia, solemos encontrar personas que ni vivieron ni la guerra ni la posterior dictadura. ¡Qué fácil es hablar de unos hechos que no se conocen!

Al ver cómo unos enarbolan la bandera republicana y acusan únicamente a otros de su desastre, me pregunto si obran por hipocresía o incultura. Cualquier observador serio y ecuánime, pronto verá que esta tricolor que tanto adoran, acabó llena de la sangre que ellos también provocaron antes y durante la guerra. Argumentarán que ellos vertieron menos, pero contra todos yo aplico la máxima de que su sangre, es igualmente parte de la tragedia española. Y aquí extiendo la crítica también a los “otros”, que blanden banderas con unas águilas que la nueva democracia debe relegar únicamente a un trasfondo histórico.

En definitiva, la incultura y la irresponsabilidad fueron armas que, con sus golpes, demolieron las paredes y estructura de esta nueva casa republicana. Y el edificio, joven y sin unos cimientos firmes, se vino abajo sin remedio. Como dije, le faltaron amigos que protegieran el recinto y le sobraron enemigos. Un intento interesante acabado en el vertedero de la historia.

Todos hablan de quién derribó la casa. Y mientras ese sea el enfoque, la vergüenza, cual cuervo carroñero, seguirá planeando por encima de la historia de España.

¡Qué bien lo plasmó Goya en su duelo a garrotazos!

Duelo a Garrotazos
Duelo a garrotazos de Francisco de Goya. Siempre lo he considerado como un terrible ejemplo de la eterna disputa de las dos Españas.

Quisiera dedicar humildemente esta entrada a Don Manuel Chaves Nogales, del cual me he leído gran parte de su obra bibliográfica. Un periodista brillante y lúcido, un demócrata de los puros y que por ser objetivo en la barbarie, se ganó el desprecio de todos. Gracias Manuel por haber inspirado estas palabras en mi persona, gracias por hacerme un mejor demócrata.

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