ANTONIO DE ULLOA, UN CIENTÍFICO SOBRESALIENTE

Nuestro polifacético personaje de esta semana nació en Sevilla en 1716 siendo hijo de una familia acomodada (algo básico para prosperar visto lo visto). Ya desde pequeño parece que mostró un interés importante por la ciencia y por la escritura, algo que a la postre le acabó acompañando toda la vida. Tras una estancia de 3 años en Cartagena de Indias (Colombia), volvió a España para ingresar en la conocida como Escuela de Guardiamarinas de Cádiz (órgano formativo de la armada española) donde obtuvo unas excelentes calificaciones. Y aquí iba a comenzar una carrera militar que no ha pasado a la historia por ser brillante, principalmente eclipsada por sus trabajos científicos.

Y esta expedición iba a marcar su vida. Él mismo no se podía ni imaginar las vueltas que iba a dar, los lugares que iba a visitar y las labores que iba a realizar. Pero a pesar de la amistad francoespañola, no todo era color de rosa. Por diversas displicencias al llegar a América, hubo una serie de retrasos entre los miembros de ambos países que motivaron que Antonio pasase algún tiempo realizando tareas distintas a las de la misión geodésica. Podemos dividir estas misiones en dos partes: Por un lado las estrictamente militares (supervisión y mejora de las defensas de diversos puertos en Perú y Chile e inspección y vigilancia de diversos tramos de costa) y por otro las científicas. Y como he señalado, en este campo fue donde tuvo mucho que aportar y donde se cuenta que descubrió el platino para los europeos.

«y tal vez se hallan minerales, donde la platina (piedra de tanta resistencia, que no es fácil romperla, ni desmenuzarla con la fuerza de un golpe sobre él yunque de acero) es causa de que se abandonen; porque ni la calcinación la vence, ni hay arbitrio para extraer el metal que encierra, sino a expensas de mucho trabajo y costo»
Sin duda sabía la importancia de su descubrimiento y así lo haría llegar a las autoridades españolas, las cuales dentro de sus posibilidades intentaron sacar partido a este mineral. Por cierto, Ulloa llamó al mineral Platino del Pinto en honor a un río colombiano.

Pero bueno, lo habíamos dejado con la misión geodésica junto a los franceses. Esta misión resultó ser un éxito total quedando el arco de meridiano medido con gran exactitud y mostrando que a pesar de todas las dificultades encontradas, la expedición había llegado a buen puerto.
Y es tras esta misión, en 1745 (ojo, 10 años después de haber partido) cuando deciden regresar a Europa con toda la información obtenida. Pero el destino le tenía reservado otra aventura a Antonio. Por razones no del todo claras, su barco, el francés Deliverance, fue apresado en alta mar por los ingleses. Antonio se dice que tuvo el tiempo justo para arrojar por la borda todos los documentos que comprometían la seguridad de la corona española, aunque no arrojó todos sus trabajos científicos. Los ingleses lo trasladaron como prisionero a Inglaterra y le decomisaron todos sus documentos. Parece ser, que el responsable de leer toda aquella información se dio cuenta de las grandes dotes de científico de Ulloa y rápidamente dio conocimiento de ellos a las autoridades inglesas. 
En 1746 fue liberado por los ingleses y regresó a España (se le devolvieron sus documentos), donde además de ser ascendido, se le asignó la tarea de recorrer Europa para observar los nuevos conocimientos científicos de la época (vamos una Erasmus en pleno siglo XVIII). Y en este viaje se cuenta que maravilló a Europa siendo aceptado sin ningún tipo de problemas en la Real Academia de las Ciencias de París, en la Real Academia de las Ciencias de Suecia y en la Academia Prusiana de las Ciencias. Casi nada… Los grandes de Europa lo acogían en su seno.
Tras volver a España, quiso dar salida a todo el conocimiento adquirido fundando diversas instituciones científicas como el Jardín Botánico de Madrid, el Museo de Ciencias Naturales, el Observatorio Astronómico de Cádiz y el primer instituto metalúrgico español. Así mismo reorganizó los colegios de Cirugía y Medicina y modernizó los arsenales de El Ferrol y Cartagena.

Todo esto lógicamente no pasó desapercibido en las autoridades de la época, las cuales recompensaron su esfuerzo y dedicación con cargos importantes en el continente americano. Primero estuvo al cargo de una mina de mercurio en Perú (a la cual elevó su productividad) y luego fue destinado a La Habana donde haría otra de sus magníficas labores. Allí tras haber adquirido mucha información propuso una reorganización del sistema postal que enviaba correo entre España y Perú. Recomendó crear una nueva línea y modificar otras y su estudio fue tan detallado y de calidad que los gobernantes acabaron adaptándolo. Quiero hacer hincapié en este hecho, pues en el siglo XVIII la única forma de comunicación con América era a través de cartas enviadas por barco, por lo que era esencial que hubiese un buen sistema que garantizase por un lado la rapidez y por otro la integridad y llegada del correo.
En 1766 vio su cénit personal al ser nombrado gobernador de la Luisiana española (ojo, no el actual estado de los EEUU, sino un territorio que albergaba más de 2 millones de km²). Pero las condiciones de este territorio cedido por Francia a España tras la conocida como Guerra de los 7 años no permitieron a Ulloa poder gestionarlo correctamente. Además sus medidas no fueron populares y acabaron provocando una sublevación de los colonos franceses y su posterior destitución.
Los años posteriores los pasó reorganizando flotas en los alrededores de México y transportando recursos desde España. Tuvo varios ascensos militares pero como señalé no fue un militar brillante. Participó en diversas batallas pero el escaso éxito en ellas le llevaron a dejar el frente para ocupar el puesto de director general de la Armada española, cargo que ocupó hasta 1795, año de su muerte en Cádiz.


De nuevo un poco de autocrítica no nos vendría mal y espero al menos haber dado a conocer la presencia de este gran hombre ilustrado cuyas hazañas ayudaron a expandir el conocimiento científico por el mundo.
Por cierto, Jorge Juan fue otro gran científico que acompañó a Antonio en algunos años de su vida y que posiblemente en un futuro veáis escrito algo sobre él en este blog.
¡Hasta la semana que viene!
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