REFLEXIONANDO SOBRE LA CORRUPCIÓN

Como en pasadas entradas, me gustaría tratar este tema (problema) de actualidad pero valorando otros factores que hacen que esta palabra sea una lacra y la suframos.
Primero, ¿qué es la corrupción? La acepción de la Real Academia Española que mejor se aplica es la siguiente: “En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores.”

Inicialmente cabe preguntarse lo siguiente: ¿Por qué existe la corrupción? Estamos ante la cuestión del millón de dólares. Da igual lo que rebobinemos en el tiempo que siempre será factible hallar casos de la misma. Tras un simple vistazo por la red he visto referencias a situaciones en el antiguo Egipto, Grecia, el imperio romano y de ahí hasta nuestros días. Uno podría pensar rápidamente que la base de la misma está en la condición egoísta del ser humano. Pero la condición humana se caracteriza por estar formada por unos mecanismos que aún no han sido descifrados del todo. Pero resulta lógico pensar que en la mente de toda persona existe un instinto por progresar y ese instinto parece ser más fuerte que los condicionamientos sociales que podrían aplacar la corrupción. 
Resulta curioso que muchas veces uno llega a la corrupción generalizada partiendo desde situaciones mucho más simples o de menor envergadura. He oído muchas veces a mucha gente decir que no es lo mismo robar 1 millón de euros que 10 euros, y esto analizado desde un punto moral no es correcto. En términos monetarios es evidente que no, pero el simple hecho de robar ya hace que se igualen ambas acciones. Y si nos paramos a pensar, el suavizar el hecho de una cantidad de dinero comparándolo con cantidades mucho mayores puede provocar una especie de “Limbo moral” que acaba justificando irremediablemente la corrupción. Si queremos abordar este problema con garantías uno debe de ser inflexible al respecto.


Aunque hay muchos escritos sobre la corrupción, os voy a dejar un enlace a una noticia del periódico “La Vanguardia” que me ha parecido interesante y os recomiendo el visionado del programa “Salvados” de Jordi Évole sobre la corrupción (El fraude en los cursos de formación).
En el programa de telvisión hay varios datos interesantes que nos pueden ayudar a entender un poco más el problema.
Por un lado tenemos las medidas que la población indignada pide para combatir la corrupción. Y he aquí una interesante paradoja. Generalmente ante este problema pedimos un endurecimiento de las leyes penales (tanto crear nuevas como fortalecer las ya existentes) y mucha mano dura. Lo que no entendemos es que estas leyes están en manos de sectores que también están afectados por la corrupción y los cuales no van a querer crear un sistema perfecto que dañe frontalmente sus intereses. De este modo si el pueblo pide endurecimiento penal, su respuesta será crear más leyes que no solucionen el problema, sino que compliquen la base legal y la haga aún más difícil de entender y de interpretar por parte de los jueces. Todo esto lleva consigo una nueva degeneración legal que provoca nuevo malestar y desconfianza en las instituciones por parte de la población. ¿Y a qué nos lleva de nuevo esta desconfianza? A pedir nuevas leyes. Por lo tanto sin darnos cuenta estamos en un círculo vicioso que se va retroalimentando cada cierto tiempo. ¿Cómo salir de ese círculo? Difícil pregunta pero no debemos de dejar de buscar soluciones.
Otro punto interesante del capítulo responde a la pregunta de que si la corrupción es algo que sólo se da en algunos países o es un mal endémico mundial. Personalmente creo que es algo mundial y la diferencia entre los países radica en la forma de actuar ante ella. Y me explico. No es lo mismo un país en el que ante un primer conato de corrupción los propios compañeros y agentes sociales la paralicen, a que dé tiempo a tejer una red que haga complejo el problema y que al afectar a mayor número de personas sea más difícil desenmascararla y que cada uno asuma y pague su culpa. 10 personas sí pueden parar e intento de una, pero a esas 10 personas les será difícil actuar si tienen que hacer frente a decenas o cientos de ellas. Y máxime si esta red empieza a afectar a personajes de “alta alcurnia”.

Aquellos sumidos en la corrupción no van a cambiar su modo de actuar, por lo que insisto en que es más que necesario que el primer cambio moral venga de nosotros.
Un saludo y ¡hasta la semana que viene!
