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LA TROMPETA DE JERICÓ

Espías en la sombra: Richard Sorge

ENTRE SALVAR A LA URSS Y TUMBAR BARBARROJA

espionaje

De las muchas secciones que me gusta ir creando, hoy inauguro una sobre espías y señuelos. La misma, pretendo que nos lleve a descubrir hechos importantes del espionaje durante la segunda guerra mundial.

Entramos en el mundo de las artimañas utilizadas no sólo para obtener información del enemigo, sino para confundirlo y aprovechar esta ventaja para derrotarlo. Richard Sorge, Juan Pujol y Kim Philby son sólo algunos ejemplos, pero hay más, mucho más.  Por ejemplo tenemos señuelos como tanques y aviones falsos e incluso la operación Carne Picada, donde una persona sin decir una sola palabra fue capaz de engañar al alto estado mayor alemán.

Y para la primera entrada de esta sección, traemos un espía cuya acción, aunque no decisiva, ayudó a alterar la situación de la segunda guerra mundial. Vamos al lío.

NAZIS Y SOVIÉTICOS: DOS CULTURAS, UNA LUCHA

Quizás sea la parte de la segunda guerra mundial más espectacular de todas: La lucha a muerte entre Alemania y la Unión Soviética. Aún en pleno siglo XXI resulta apabullante la ingente cantidad de recursos que ambos bandos dedicaron a esa campaña. Campaña que acabó por ser la tumba del Tercer Reich y la carta de presentación como potencia mundial de los soviéticos.

Pero esto no estaba muy claro en 1941, cuando comenzó la Operación Barbarroja, nombre en clave de la invasión de Rusia. En pocas semanas, los alemanes aplastaron todo lo que se encontraban, capturando millones de prisioneros y toneladas de material. Por hacer un símil, parecía un rodillo pasando por encima del este europeo. Y cuando parecía que la victoria alemana era cuestión de días, los rusos se dieron cuenta de que debían hacer todo lo posible por resistir. Resistir hasta la llegada del general más terrible que Rusia ha tenido a lo largo de la historia, el general Invierno.

General Invierno
Representación idealizada del «General Invierno» ruso

Pero para que llegase este general, era necesario retrasar el avance alemán como fuese. Los soviéticos entonces miraron en su ingente bolsa de recursos humanos efectivos. Se dieron cuenta que en la parte este, junto a Manchuria y las regiones de Kamchatka, tenían una serie de unidades especializadas de montaña que podrían ser muy útiles en el frente occidental. ¿Por qué no traerlas? Muy simple. No se fiaban de Japón. Temían que si mostraban debilidad en ese flanco, el país nipón, haciendo gala de su pacto de alianza con Alemania, invadiría el territorio. Y una guerra en dos flancos seguro que sería una herida de muerte que haría capitular a la Unión Soviética.

Por lo tanto las autoridades rusas empezaron a movilizar a su red de espías en Japón buscando así obtener la máxima información posible de sus intenciones. Y aquí entra en nuestro espía decisivo, Richard Sorge, alias Ramsay.

UN CAUCÁSICO, ALEMÁN Y COMUNISTA EN MEDIO DE LA REFRIEGA

Las historias personales de los espías son siempre muy curiosas. Y la de Sorge no es una excepción. Nació en Bakú en 1895 (capital actual de Azerbaiyán, aunque en la época pertenecía a Rusia). Basta con mirar una foto suya para ver sus rasgos caucásicos fuertemente marcados. Si a eso le sumamos su semblante serio, nos hace pensar en la viva estampa de un mafioso. Hijo de madre rusa y padre alemán, por motivos de trabajo paterno pasó su infancia en Alemania. Curiosamente llegó a luchar en la primera guerra mundial en el bando alemán, llegando incluso a ser condecorado. Posteriormente, obtendría un doctorado con honor en ciencias políticas.

Sea por la influencia materna o por el clima revolucionario que se respiraba en Alemania al final de la primera guerra mundial, Sorge se sintió fuertemente atraído por el comunismo. Su interés fue tal, que tras una visita a la Unión Soviética en 1926, fue reclutado como agente-espía por los rusos. Su carácter emprendedor y sus habilidades le llevaron durante muchos años por oriente, principalmente China y Japón. Con la tapadera de ser periodista, mantuvo informado al régimen soviético de todo lo que pasaba por la zona. Y mientras tanto también aprovechaba para ganar influencia entre la clase dirigente de los países donde trabajaba.

Richard Sorge

Aunque en un principio cabría pensar que no dejaría de ser más que un espía de segunda línea, los sucesos de Japón de los años 30 le acabarían dando protagonismo. Y es que los soviéticos miraban con recelo al país nipón, ganando Sorge mayor consideración por ello (aunque no le fue fácil como veremos más adelante). Como consecuencia, lo asignarían permanentemente en Japón. Pero veamos esto con detalle:

Resumiendo las acciones de Japón, este país lanzó grandes operaciones en el noreste de China, anexionándose Manchuria y otras regiones del entorno, llegando incluso a provocar hostilidades con la Unión Soviética (en 1938, en la conocida como batalla del Lago Jasán hubo un choque entre ambos países que pasó desapercibido en occidente pero que fue más que una declaración de intenciones). Pero hubo más.

Jaljin Gol Mongolia¿Guerra? Sí, pero no declarada. Oficialmente ha quedado como un incidente de frontera, pero los alrededor de 80.000 entre muertos, heridos y prisioneros indican que fue mucho más que eso. En el este del inmenso territorio mongol, debido a una serie de reclamaciones territoriales (cuyo trasfondo era la rivalidad entre dos naciones en plena expansión), lo que empezó como unos enfrentamientos entre unidades mongolas y japonesas acabó como una gran batalla, conocida como Jaljin Gol (Khalkhin-Gol). Del lado ruso, Zhukov (el mismo que acabaría siendo una leyenda y que desfilaría a caballo en la Berlín nazi tras el hundimiento de Hitler), del lado japonés Komatsubara. Las consecuencias de la batalla hay que considerarlas como decisivas, pues la derrota infligida a los japoneses fue de tal magnitud que a éstos le entraría el miedo a los rusos durante el resto de la guerra. Pero este miedo había que confirmarlo y Sorge tendría la última palabra.

Pongamos todo en el tablero. Los japoneses aliados con Alemania y supuestamente deseosos de recuperar el orgullo perdido en Jaljin Gol. Los rusos necesitados de hombres en el oeste para hacer frente a los alemanes y temerosos de una puñalada por la espalda de Japón. Y Sorge en Japón creando una tupida red de espionaje y obteniendo una información muy jugosa, tanto de los planes japoneses como de los alemanes.

SUSPIROS DE ALIVIO DESDE JAPÓN

Pero Sorge tenía un problema. Aunque llegó a dar información bastante precisa de la fecha de invasión alemana a Rusia, su modo de vida causó mucho escepticismo en los soviéticos. Era un bebedor y fumador empedernido y le atribuyen el haber creado una serie de redes de burdeles desde donde obtenía la información. Aunque no era lo que podríamos llamar un ciudadano modelo, este tipo de vida le permitió tratar y ganarse la amistad de gente importante del estado mayor nipón y alemán en Tokio. Es decir, la prostitución y sus secretos tuvieron un importante peso en el éxito y precisión de sus informes. Pero Stalin, receloso de su conducta y eficacia argumentaba que “no iba a creerle a un pervertido que organizaba fábricas y burdeles en Japón».

Japon 1942
Mapa que demuestra la expansión japonesa hasta junio de 1942. Esta estrategia de expansión por el sudeste asiático ya era conocida por las autoridades soviéticas en 1941 gracias a los informes suministrados por Sorge

Pero cuando los soviéticos vieron que algunos de sus informes no tenidos en cuenta habían sido verdad, empezaron a mirarle de otro modo. Y cuando consiguieron recopilar varios de ellos vieron el panorama que Sorge le pintaba:

Japón, aunque ligaba por pactos con Alemania, tenía sus miras tanto en China, como en el sudeste asiático. La clave la encontramos en la enorme necesidad de materias primas que necesitaba. También señaló que el bloqueo de crudo hecho por EEUU a Japón, estaba motivando a este país a plantearse una acción bélica. Sorge incluso señalaría Pearl Harbor como lugar de ataque, algo que acabó ocurriendo. Por lo tanto, tenemos a Japón mirando hacia otro lado y temerosa de enfangarse en una guerra en Mongolia. Un conflicto que colmase sus recursos y que tuviese el riesgo de nuevas derrotas humillantes. Y la pregunta es entonces: ¿eran necesarias las tropas de montaña en el este ruso?

Los soviéticos decidieron por lo tanto creer a Sorge y en una acción logística de envergadura, transportaron miles de soldados y equipo hacia el oeste. Para ello utilizaron el conocido como Transiberiano, una línea férrea impresionante que conecta los dos extremos de Rusia.

Mapa de la línea férrea conocia como Transsiberiano
Mapa de la línea férrea conocia como Trans-siberiano

El general Invierno ya tenía a sus expertos “chicos de la nieve” y los nazis pronto se dieron cuenta de cómo iban a cambiar las tornas de los combates, pues estas unidades especializadas iban a ocasionarles más de un quebradero de cabeza y junto al recrudecimiento del clima, provocaron el frenado en su avance, un frenado que acabaría salvando a la Unión Soviética en 1941.

Los nazis se quedaron a las puertas de Moscú y tras una serie de contraataques de las tropas de Mongolia junto a otras divisiones, fueron obligados a retroceder, sobreviviendo a un duro invierno para entrar en 1942, el año donde iban a aprender de nuevo que nadie puede con el general Invierno, pero esta vez en la ciudad de Stalingrado.

MUERTE Y RECONOCIMIENTO

¿Y Stalin qué? No le quedó más remedio que acabar reconociendo que la información de “ese pervertido putero” había ayudado a salvar al país. Pese a ello, evitó reconocer oficialmente ante el mundo estos hechos.

Sello conmemorativo soviético con la imagen de Sorge
Sello conmemorativo soviético con la imagen de Sorge

Desafortunadamente para Sorge, no pudo disfrutar de su éxito, pues el 18 de octubre de 1941 fue capturado por los japoneses. Al principio, debido a su influencia con los alemanes se pensó que era un espía de ellos, pero torturas y posteriores revelaciones mostraron que era un agente soviético (aunque supuestamente, los rusos nunca reconocieron durante la guerra que era uno de los suyos). Debido a este rechazo, las proposiciones japonesas de canjeo por otros espías fueron rechazadas (corre la teoría de que a pesar de sus éxitos, Stalin no terminaba de fiarse de él) fracasaron y Sorge acabó siendo ahorcado en noviembre de 1944, tras más de 3 años de cautiverio.

Caía alguien que aunque no luchó en el frente, fue el responsable indirecto del movimiento de miles de hombres hacia lugares donde se les hacía falta, movimientos que, si no fueron la causa primordial de la salvación rusa en 1941, sí que tuvieron la suficiente influencia como para que merezca reconocimiento tanto Sorge como su tupido grupo de espías.

Y este reconocimiento llegó en 1964, cuando oficialmente la Unión Soviética lo elevó a héroe nacional. A partir de entonces, quedaría inmortalizado en la memoria de esta nación. Incluso la prensa mundial le puso un mote, el James Bond de Stalin.

Si os ha gustado esta entrada, os dejo con otras entradas sobre la segunda guerra mundial.

Nos vemos la semana que viene.

BIBLIOGRAFÍA

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